Anegado

Bien, estoy anegado por la música de Chromatics. Vivo un reencuentro sonoro con ellos. Y a esta desembocadura de la emocionalidad pop actual en el que me he situado en estos meses anteriores, llega otro rio llamado John Maus.

Telephone lines all across the world
People fight all across the world
Angels sing all across the world
Baby, you and me all across the world
Jackie Chan flashing all across the world
Hulk Hogan flashing all across the world
Baby, let’s go fly all across the world
Baby, let’s go fly all across the world!

They call me the believer
They call me the believer

Me sorprendo del calado propio de estas dos propuestas de las que ya tenía música, pero a las que no había prestado suficiente atención. Creo en la poesía de sus canciones. Con ellos como punto de partida, me dejo llevar: Rememoro años viviendo al lado de una gran carretera en las afueras de Madrid. A pesar del aparente exhibicionismo estético, me apropio de las imágenes, del tono, de los mensajes crípticos remitiendo continuamente a la soledad. La ironía. La esperanza. La dejadez. La pasión luchando contra el hastío. Me proyecto.

Es atrayente la manida imagen lírica siguiente: El/Ella camina por infinitas calles, herido/a de incomunicación, en la frustración por sus propias barreras. Son muchas las representaciones humanas simbólicas de esta neurosis postmoderna. La ciudad como un dañado sistema nervioso. Personas huyendo de la desolación que les embarga, que les define, que les delimita y les crea; y que encuentran en la fina frontera entre la pasión creadora y la destructora autoviolencia, una herramienta.

Al dejarme llevar por la marea, estoy anegado de todos ellos.

Miedo de la deriva. Es Ian Curtis cantando “Disorder”. Es el insomne John Letour en Light Sleeper, escribiendo a altas horas íntimas confesiones en cuadernos que tira a la basura una vez acabados, esperando, deseando la redención, el fin del camino oscuro. Es el protagonista de Drive, levantándose de la mesa de su exigua casa al escuchar la fiesta de bienvenida al marido de su amada en el piso contigo, y lanzándose a conducir por la ciudad en la noche.

Son las pinturas de Hopper. El Creo de Ballard. Las carreteras. Son las luces nocturnas. Las solitarias figuras de Caspar David Friedrich despojadas de la naturaleza, el contexto romántico del siglo XIX. Unos fantasmas que se repiten una y otra vez, que se reencarnan en nosotros. Fractales enmarcados en una nueva foto hecha con el móvil, rompiéndose de amor y confusión mientras anochece en una gasolinera de autovía.

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